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El retraso de la cirugía de tubos auditivos no retrasa el desarrollo

Estudio halla que el lenguaje y el habla no resultan afectados por el momento en que se realiza el procedimiento en niños sanos

MIÉRCOLES 10 de agosto (HealthDay News/HispaniCare) -- Un reciente estudio halla que posponer una cirugía para implantar tubos auditivos en aquellos niños que tienen acumulación persistente de fluidos en sus oídos no retrasará su desarrollo.

Durante años ha habido preocupación de que los niños que tienen fluido en sus oídos podrían mostrar retrasos en el desarrollo del habla o del lenguaje, o podría percibirse que tienen problemas del comportamiento porque el fluido causa una ligera pérdida de la audición.

Debido a esta preocupación, las directrices anteriores recomendaban la implantación de tubos auditivos lo más pronto posible. Sin embargo, el nuevo estudio, que aparece en la edición el 11 de agosto del New England Journal of Medicine, halló que retrasar la implantación de los tubos no afectó los resultados en el desarrollo de los pequeños.

"Si tuviera algún consejo para los padres de los niños que tienen esta afección, sería 'no haga cualquier cosa, espere'", aseguró el Dr. Jack Paradise, profesor de pediatría y otorrinolaringología de la Facultad de Medicina de Pittsburgh y del Hospital Infantil de la misma ciudad.

"Si el único problema de su hijo es el fluido del oído medio pero no sienten incomodidad ni están enfermos y además actúan de manera perfectamente normal, no hay ningún problema con tener una actitud de espera vigilante", recomendó y agregó que, de todos modos, los padres "deben revisar los oídos [de sus hijos] en intervalos de algunos meses, además de hacer examinar su audición".

Cerca de 16 millones de niños acuden al médico cada año por fluido en los oídos, según la American Academy of Pediatrics. Además de causar algo de pérdida de la audición, el fluido también puede ser caldo de cultivo para las bacterias y puede causar infecciones reiteradas en el oído. La implantación quirúrgica de tubos auditivos ayuda a drenar el fluido de los oídos, lo que reduce la cantidad del mismo y la incidencia de infecciones.

Según Paradise, debido a que el fluido puede dificultar la transmisión del sonido del oído al cerebro, y debido a que ese trastorno aparece en una etapa tan importante del desarrollo del niño, anteriormente se creía que los niños conservarían una "cicatriz en el desarrollo" o algún otro tipo de pérdida irreversible en el desarrollo si la afección no se trataba.

Sin embargo, aseguró, aunque hubo varios estudios que demostraron la relación entre el fluido del oído y los problemas del desarrollo, ningún estudio logró comprobar una relación de causalidad.

Con la esperanza de aclarar esta relación, Paradise y sus colegas reclutaron a más de 6,000 niños durante los primeros dos meses de vida. Los niños provenían de ocho lugares distintos de Pittsburgh y de las comunidades suburbanas y rurales aledañas.

Para los tres años, 429 niños que por lo demás estaban sanos mantenían fluido persistente en sus oídos por al menos tres o cuatro meses.

A estos niños se les asignó aleatoriamente a dos grupos de tratamiento, uno inmediato y otro postergado. En el grupo de tratamiento inmediato había 216 niños, los cuales recibieron tubos auditivos lo más pronto posible según lo indicado, mientras que los 213 restantes se encontraban en el grupo de tratamiento postergado. Si el fluido permanecía en el grupo de tratamiento postergado durante más de seis meses en ambos oídos, a los niños se les implantaban los tubos. Si el fluido sólo estaba en un oído, los niños del grupo de los postergados recibieron los tubos luego de nueve meses.

Para los seis años, el 85 por ciento de los niños del tratamiento inmediato habían recibido tubos auditivos, mientras que apenas 41 por ciento del grupo de tratamiento postergado los había recibido.

Los investigadores también compararon a los niños tratados con aquellos que no tenían problemas en los oídos.

A los 3, a los 4 y a los 6, a todos los niños se les practicó una serie de pruebas de desarrollo para medir sus habilidades del habla, del lenguaje y de lectura, así como otras para medir su comportamiento y emociones.

Los investigadores no hallaron diferencias estadísticas significativas en el desarrollo al comparar los grupos.

"Concluimos que era muy poco probable que la enfermedad del oído medio afectara de alguna manera el desarrollo posterior de los niños", aseguró Paradise. "Los niños tienen una fuerte capacidad de recuperación y no se trata de que no puedan oír. Puede que le suban el volumen al televisor o que los padres deban hablar un poco más fuerte, pero no son niños sordos. Cuando su audición mejora, compensan la pérdida temporal.

"Aún si hay un ligero retraso por efusión, a esa edad, el cerebro en desarrollo está tan adaptado al desarrollo del lenguaje y el habla que la mayoría de los niños se ponen al día", aseguró el Dr. John Maddalozzo, médico general del Hospital Infantil Conmemorativo y profesor asociado de otorrinolaringología y cirugía de cabeza y cuello de la Facultad de Medicina Feinberg de Chicago.

Tanto Paradise como Maddalozzo señalan que el estudio sólo observó a los niños que no tenían problemas de salud. Maddalozzo aseguró que muchos niños que se someten a cirugía para tubos auditivos presentan otros problemas, como infecciones reiteradas en el oído, problemas en el habla o anormalidades craneofaciales.

Los investigadores han continuado haciendo seguimiento a los niños hasta que cumplieron nueve o diez. Aunque hasta ahora están comenzando a organizar la información, Paradise aseguró que no considera que aparecerán problemas del desarrollo con el correr de los años.

Más información

Para aprender más sobre las infecciones en el oído de los niños, visite el National Institute on Deafness and Other Communication Disorders.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Jack Paradise, M.D., professor, pediatrics and otolaryngology, Pittsburgh School of Medicine and Children's Hospital of Pittsburgh; John Maddalozzo, M.D., associate professor, otolaryngology and head and neck surgery, Feinberg School of Medicine at Northwestern University, and attending physician, Children's Memorial Hospital, Chicago; Aug. 11, 2005, New England Journal of Medicine
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