Los medicamentos más recientes no son mejores que los más antiguos para la esquizofrenia infantil

Expertos señalan que los efectos secundarios difieren, pero que la mayoría de los pacientes obtienen poco alivio a largo plazo

LUNES, 15 de septiembre (HealthDay News/Dr. Tango) -- Los fármacos antipsicóticos más recientes no son mejores en el alivio de los síntomas de esquizofrenia en los niños y adolescentes que los más antiguos, según encuentra un estudio reciente.

La suposición ha sido que los fármacos más recientes son más seguros y eficaces; sin embargo, ensayos anteriores encontraron que no son más eficaces que los medicamentos de primera generación y que tienen efectos secundarios distintos a éstos, señaló el Dr. Thomas R. Insel, director del National Institute of Mental Health, que patrocinó el estudio.

"Este nuevo ensayo evalúa a niños en que estos antipsicóticos nuevos han sido usados más ampliamente en los últimos cinco a ocho años. La pregunta era si estos nuevos fármacos son una mejor opción para los niños", planteó Insel.

En el ensayo, los investigadores no encontraron ninguna diferencia significativa entre los antipsicóticos más antiguos y los más recientes, excepto en los efectos secundarios.

"Los tres antipsicóticos que evaluamos parecían reducir significativamente los síntomas de esquizofrenia en niños y adolescentes", afirmó la Dra. Linmarie Sikich, autora del estudio y profesora asistente de psiquiatría de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. "Pero tienen efectos secundarios muy distintos. Y ninguno se ve mejor que los demás respecto a cuánto reducen los síntomas o qué tan rápido lo hacen".

Las directrices actuales para tratar la esquizofrenia de inicio precoz recomendaban usar primero los fármacos más recientes, señaló Sikich.

"Pensamos que este estudio apunta a que se debe considerar seriamente usar el medicamento más antiguo primero", dijo. "Los médicos realmente necesitan tomar una decisión individual según los efectos secundarios que probablemente sean más inquietantes, qué es problemático para su paciente en particular. Muchas personas tendrán que probar unos cuantos fármacos para averiguar cuál les va mejor".

Además, Sikich anotó que no hubo diferencia entre los fármacos más antiguos y más recientes en cuanto al tiempo en que la gente continuaba tomándolos.

El informe aparece en la edición en línea del 15 de septiembre de la revista The American Journal of Psychiatry.

Para el estudio, el equipo de Sikich asignó al azar a 116 niños y adolescentes de 8 a 19 años de edad a recibir el antipsicótico más antiguo molindona, o los antipsicóticos de segunda generación olanzapina o risperidona. El ensayo se prolongó durante ocho semanas.

Durante ese periodo, todos los medicamentos mostraron un declive similar en los síntomas. Sin embargo, causaron distintos efectos secundarios. Los pacientes que tomaban olanzapina y risperidona experimentaron un aumento significativo de peso, mientras que el 40 por ciento de los pacientes que tomaban molindona se mostraban inquietos.

"La olanzapina causó en promedio un aumento de peso de unas 17 libras (7.7 kilos) en las ocho semanas y la risperidona causó un aumento de unas 12 libras (5.5 kilos) en el mismo periodo", afirmó Sikich. "Pero la molindona causó en realidad una pérdida de peso muy leve".

Sikich anotó que el aumento de peso es una inquietud, porque se relaciona con un mayor riesgo de diabetes, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular. "Con la olanzapina, hubo un aumento en los niveles de colesterol malo y un aumento en la insulina e indicaciones de depósitos grasos en el hígado que, si persisten, pueden causar disfunción", advirtió. "La olanzapina no debe ser la primer opción".

De hecho, el grupo de olanzapina del ensayo se detuvo anticipadamente debido a estos preocupantes efectos metabólicos, según los investigadores.

Los pacientes que tomaban molindona, un fármaco más antiguo, también tuvieron que tomar otro fármaco llamado benztropina para reducir los calambres y la rigidez musculares. Los antipsicóticos más antiguos, como la molindona, pueden producir síntomas parecidos a los del parkinsonismo, como movimientos involuntarios, que en algunos pacientes pueden llevar a discapacidades físicas permanentes.

Más allá de las diferencias entre los medicamentos, en realidad ninguno funcionó muy bien, apuntó Sikich. "Los niños en el estudio no tuvieron una respuesta suficientemente buena o padecieron demasiados efectos secundarios para permanecer con el primer medicamento que usaron".

Después de las ocho semanas iniciales, el grupo de Sikich dio seguimiento a los participantes durante un año. "Al año, apenas entre diez y veinte por ciento de los niños pudieron continuar con el fármaco por un año completo. Sin embargo, creemos que es probable que esta enfermedad necesite tratamientos de por vida. Claramente, necesitamos mejores fármacos que funcionen mejor y, incluso más importante, que tengan menos efectos secundarios", enfatizó.

Insel estuvo de acuerdo en que la respuesta a estos medicamentos no es "demasiado buena".

"Se trata de niños muy enfermos", dijo Insel. "Nos recuerda una vez más que los medicamentos que tenemos tal vez sean necesarios, pero no suficientes. Necesitamos hacer mucho más tanto con los tratamientos psicosociales como en la creación de una tercera generación de fármacos que simplemente sean mucho más eficaces".

Hasta ese momento, Insel opina que los médicos deben tomar sus decisiones de prescripción en base a qué medicamento, antiguo o reciente, resulte mejor para un paciente individual. Aunque los medicamentos más antiguos son generalmente más baratos, el costo no debe ser el criterio para recetar, insistió Insel.

"Estos hallazgos deben ser usados para aumentar las opciones, no restringirlas", aconsejó Insel. "No queremos que todo se trate del costo".

Más información

Para más información sobre la esquizofrenia, visite el National Institute of Mental Health.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Linmarie Sikich, M.D., assistant professor, psychiatry, University of North Carolina at Chapel Hill; Thomas R. Insel, M.D., director, National Institute of Mental Health; Sept. 15, 2008, The American Journal of Psychiatry, online
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