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Los antipsicóticos más nuevos conllevan un riesgo cardiaco, según plantea un estudio

En algunos casos, se aconseja a los pacientes evitar los fármacos

MIÉRCOLES, 14 de enero (HealthDay News/Dr. Tango) -- Un estudio reciente advierte que la segunda generación de medicamentos antipsicóticos usados para tratar afecciones que van desde la esquizofrenia hasta la ansiedad, colocan a los pacientes en riesgo de muerte repentina debida a paro cardiaco.

Las probabilidades de un problema cardiaco son bajas y los especialistas señalaron que los medicamentos son apropiados para algunos pacientes. Aún así, médicos, familias y pacientes deben ser cautos, subrayó el autor líder del estudio Wayne Ray, director de la División de farmacoepidemiología de la Facultad de medicina de la Universidad de Vanderbilt.

"Si se usan para la esquizofrenia, hay que considerar una evaluación de cardiología. Si se considera usarlo para trastorno bipolar, hay que pensar en usar otro medicamento alternativo primero", apuntó Ray.

Y para tratar otras afecciones, los pacientes deberían tomarlos raras veces, o nunca, dijo.

El problema son los fármacos antipsicóticos más recientes: clozapina (Clozaril), quetiapina (Seroquel), olanzapina (Zyprexa) y risperidona (Risperdal).

Las autoridades federales de salud han aprobado el uso de estos medicamentos para tratar la esquizofrenia y el trastorno bipolar, señaló Ray.

Los médicos también los recetan para usos "fuera de etiqueta" para tratar afecciones como la ansiedad, el trastorno por déficit atención en los niños, y la demencia en los ancianos.

"Funcionan bastante bien en los esquizofrénicos. En realidad son casi la única alternativa", apuntó Ray. Pero otros fármacos ofrecen alternativas para los pacientes bipolares, señaló.

Para el nuevo estudio,que aparece en la edición del 15 de enero de la revista New England Journal of Medicine, Ray y colegas expandieron investigaciones anteriores que sugerían que los fármacos más recientes interrumpen el ritmo del corazón. Los investigadores examinaron los expedientes médicos de 44,218 pacientes que usaron los medicamentos antipsicóticos más antiguos, y de 46,089 pacientes que usaron los más recientes. Los pacientes vivían en Tennessee y eran recipientes de Medicaid, el programa de seguro patrocinado por el gobierno que sirve a personas de bajos ingresos.

Los investigadores también estudiaron los expedientes de 186,000 personas que no usaban fármacos antipsicóticos.

Encontraron que los usuarios de los medicamentos más recientes tenían 2.26 veces más probabilidades de sufrir muerte cardiaca repentina que los que no los usaban. Los que usaban los medicamentos más antiguos tenían 1.99 veces más probabilidades de morir frente a los que no los tomaban.

Los pacientes que tomaban las dosis más altas tenían el mayor riesgo. En general, los pacientes tenían un riesgo de muerte cardiaca repentina de tres en 1,000 durante un año, apuntó Ray.

Las cifras podrían parecer bajas, pero son significativas, advirtió Ray. "Si estuviera hablando con un amigo o familiar, le aconsejaría evitar [los medicamentos] si es posible".

Parece que los medicamentos causan problemas al perturbar el potasio en el corazón, provocando que su ritmo eléctrico falle, dijo Ray.

El Dr. Sebastian Schneeweiss, profesor asociado de medicina y epidemiología de la Facultad de salud pública de la Harvard, fue coautor de un comentario acompañante en la revista. Subrayó que, dado el riesgo y la falta de evidencia de que los medicamentos sean útiles más allá de casos limitados, los médicos deben reducir "marcadamente" su uso para tratar afecciones aparte de la psicosis aguda y la esquizofrenia.

Más información

La Administración de Alimentos y Drogas de los EE. UU. tiene más información sobre los nuevos medicamentos antipsicóticos.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Wayne Ray, Ph.D., director, Division of Pharmacoepidemiology, Vanderbilt University School of Medicine, Nashville; Sebastian Schneeweiss, M.D., associate professor of medicine and epidemiology, Harvard School of Public Health, Boston; Jan. 15, 2009, New England Journal of Medicine
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