Comunidades con gran dispersión podrían representar un riesgo para la salud

No estimulan la práctica de ejercicios y contribuyen a problemas médicos crónicos

LUNES 27 de septiembre (HealthDayNews/HispaniCare) -- Las personas que viven en áreas metropolitanas muy dispersas están pagando un alto precio de salud por todo el tiempo que pasan sentados en automóviles en vez de caminar.

Esa es la conclusión a la que ha llegado un nuevo estudio realizado por investigadores de Rand Corp que aparece en la edición de octubre de la publicación Public Health.

"Una mayor dispersión parece estar asociada con mayores problemas de salud crónicos y físicos", afirmó Roland Sturm, economista principal de RAND y autor principal del estudio.

El estudio relacionó tanto suburbios como algunas ciudades con dispersión con una amplia gama de problemas de salud, incluido la alta presión arterial, la artritis, dolores de cabeza y dificultades respiratorias. Estos problemas persistieron incluso después de que los investigadores tomaran en cuenta diferencias de edad, estatus económico y medioambiente local.

La manera más obvia en la que la dispersión afecta la salud es por una falta de rutina de actividad física, explicaron los investigadores. En vez de caminar a la escuela o al supermercado, los residentes de los suburbios prefieren conducir. La ausencia de ejercicios ha estado ligada a mayores tasas de obesidad, un factor de riesgo para enfermedades tales como la hipertensión y la enfermedad cardiaca.

La dispersión conduce a una mayor contaminación del aire, indican los autores, que podría ayudar a explicar el hallazgo de incrementos significativos en los índices de dificultades respiratorias, desde enfisema hasta una enfermedad pulmonar crónica, en las áreas con mayor expansión. Además, la contaminación del aire podría ser un factor en la alta tasa de dolores de cabeza en los asentamientos de mayor extensión, señalaron.

Reid Ewing, profesor investigador del National Center for Smart Growth Research and Education de la Universidad de Maryland, dijo que el estudio de Sturm es el cuarto informe publicado en examinar los efectos en la salud del llamado "ambiente construido".

"Cada uno de los cuatro estudios apunta hacia la misma dirección, y todos están construyendo un cuerpo de evidencia sobre la importancia de las variables del ambiente construido", indicó.

Una debilidad en los estudios es que todos observaron una instantánea en el tiempo y no controlaron la "auto selección", en la que las personas que desean tener una vida más activa pueden elegir vivir en lugares que mejor se adapten a su estilo de vida. Algunos de los estudios también sufrieron por el uso de datos de áreas muy grandes, en las que las condiciones pueden variar considerablemente de ciudad a suburbio, explicó Ewing.

Para demostrar que verdaderamente la dispersión puede causar enfermedades y aumento de peso, los investigadores deben realizar estudios más controlados, indicó Ewing. De hecho, algo de ese trabajo ya se está realizando, se están llevando a cabo de 10 a 15 estudios al respecto, señaló.

Para su estudio, Sturm y su colega de Rand, la Dra. Deborah Cohen, utilizaron el índice de dispersión de Ewing. Éste clasifica las áreas metropolitanas basándose en la densidad residencial, el tipo de uso de la tierra, el grado en que el desarrollo se enfoca en el núcleo de una región, y la accesibilidad de las vías de comunicación terrestre.

Un área más dispersa, por ejemplo, puede tener calles cerradas en vez de carreteras conectadas en cuadrantes; centros comerciales, escuelas, áreas de oficinas y residenciales que están muy distantes una de las otras; y una densidad poblacional más baja.

En un estudio previo publicado, Ewing demostró que las personas que viven en áreas más dispersas tienden a pesar más y a tener una mayor presión arterial. Sturm y Cohen fueron un poco más lejos, al utilizar los datos de cuidados de la salud de las comunidades, mediante una encuesta telefónica representativa a nivel nacional, para determinar si los indicadores de dispersión estaban asociados con condiciones físicas crónicas o salud mental.

Los investigadores analizaron los datos de más de 8,600 personas en 38 áreas metropolitanas por toda la nación.

En general, una mayor dispersión estuvo relacionada con una mayor prevalencia de 14 de las 16 condiciones físicas estudiadas. En términos de condiciones crónicas, un cambio de 50 puntos en el índice de dispersión es similar a envejecer durante cuatro años.

Por ejemplo, un adulto que vive en la ciudad de Atlanta con una alta dispersión relativa es propenso a tener un perfil de salud similar a alguien cuatro años mayor, pero en otros aspectos similar a alguien que vive en una ciudad más compacta como Seattle.

Los efectos negativos para la salud de las comunidades con dispersión parecen tener un impacto desproporcionado en los más pobres y en los ancianos.

En el estudio, West Palm Beach, Florida, el lugar con mayor proporción de adultos por encima de 65 años, tuvo la mayoría de los problemas médicos crónicos. Los Ángeles, que tiene la menor población de adultos mayores, experimento menores problemas de salud crónicos que el promedio, según encontró el estudio.

Por supuesto, el lugar en el que se vive, no es el único factor de influencia para la salud En el estudio de Ewing, la edad, la educación y la raza fueron factores más importantes vinculados a la salud de la persona que la dispersión urbana. No obstante, la dispersión urbana fue un factor estadísticamente más significativo.

"No es el factor principal ni tampoco el único", afirmó Ewing, "pero puede ser un factor".

Todavía, aquellos que viven en áreas metropolitanas dispersas no están condenados a un estilo de vida menos saludable. "Los hábitos de salud individuales juegan un rol importante", insistió Sturm. "Si vive en un área en la que no puede caminar a ningún lado, entonces vaya al gimnasio".

Más Información

Para saber más sobre los efectos para la salud de la dispersión urbana, visite el National Center for Smart Growth Research and Education.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Roland Sturm, Ph.D., senior economist, Rand Corp., Santa Monica, Calif.; Reid Ewing, Ph.D., research professor, National Center for Smart Growth Research and Education, and associate professor, urban studies and planning, University of Maryland, College Park, Md.; October 2004 Public Health
Consumer News in Spanish