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Anuncios para consumidores pueden alterar patrones para recetar

Un estudio encuentra que las solicitudes del paciente de medicamentos hacen una diferencia

MARTES 26 de abril (HealthDay News/HispaniCare) -- La publicidad directa al consumidor parece afectar las prácticas para recetar, de acuerdo con una nueva investigación que muestra que los médicos son influenciados por las solicitudes de los pacientes en cuento a los medicamentos contra la depresión.

"Sin importar con qué palabras se haga la solicitud, las solicitudes de los pacientes fueron influencias muy poderosas en las decisiones de los médicos al recetar", afirmó el autor del estudio, el Dr. Richard L. Kravitz, director del Centro de Investigación en Atención Primaria de Servicios de Salud de la Universidad de California en Davis. Su informe aparece en la edición del 27 de abril del Journal of the American Medical Association.

La publicidad directa al consumidor (PDC) de medicamentos de venta bajo fórmula médica, que alcanzó $3.2 mil millones en 2003, ha sido sometida a una creciente vigilancia desde la controversia de los analgésicos de la cox-2, y el retiro de dos de éstos, Vioxx y Bextra, del mercado.

Algunos expertos han dicho que tal publicidad podría ayudar a las personas a obtener tratamiento para problemas como la depresión, que son diagnosticados insuficientemente de manera crónica. Otros arguyen que podría causar que los individuos tomen medicamentos que realmente no necesitan.

Para evaluar la cuestión, los autores del estudio condujeron un ensayo aleatorio usando actrices para desempeñar seis papeles diferentes de "paciente estandarizada" en consultorios médicos. Las "pacientes", todas mujeres blancas de mediana edad, tenían depresión mayor o un trastorno de ajuste con ánimo deprimido (este último problema es usualmente una respuesta temporal a una situación vital estresante).

Los tres escenarios involucraban que la "paciente" le dijera al médico que había visto un anuncio de TV de Paxil y solicitara ese medicamento en específico; solicitara medicamentos en general; o no hiciera ninguna solicitud de medicamentos.

Al momento del estudio, el Paxil era mercadeado fuertemente y era más costoso que muchos otros antidepresivos.

Una mayoría (el 76 por ciento) de las pacientes que hicieron una solicitud general de medicamentos recibieron una receta, versus el 53 por ciento de las que hicieron una solicitud específica y 31 por ciento de las que no hicieron ninguna solicitud.

Entre las pacientes con trastorno de ajuste, el 55 por ciento que solicitó una marca específica recibió una receta, en comparación con el 39 por ciento de las que hicieron una solicitud general y sólo el 10 por ciento de las que no hicieron una solicitud.

"Las solicitudes generales fueron un poco más potentes en la depresión mayor y las solicitudes de marca específica fueron un poco más potentes en el trastorno de ajuste, que no es el resultado que uno deseara si estuviera haciendo una completa campaña de anuncios de PDC", apuntó Kravitz. "Lo que se buscaría es que el mensaje aumentara las recetas para quienes lo necesitan y que tuviera poco o ningún efecto en quienes no lo necesitan".

El resultado final es que la PDC no se traduce en mejores prácticas de atención, anotaron los investigadores.

"La mayoría de los médicos están tratando de hacer lo mejor por sus pacientesy pienso que esto subraya que [ésta] influye tanto a los pacientes como a los médicos de una manera que no es necesariamente buena", afirmó el Dr. Matthew F. Hollon, autor de un editorial acompañante y profesor asistente de medicina de la Universidad de Washington en Seattle. "Parece que [ésta] resta efectividad a la toma de decisiones terapéuticas óptimas".

Los autores del estudio recomendaron que las compañías farmacéuticas eduquen más y vendan menos en sus campañas de mercadeo. Si eso no funciona, apuntó Kravitz, "los gobiernos federales y/o estatales deberían imponer un impuesto o sobretasa a este tipo de publicidad para financiar anuncios de mensajes de servicio público a los consumidores que les brinden la información balanceada que necesitan".

Hollon añadió que, sin embargo, aún es demasiado pronto para formular un juicio. "Los datos que realmente faltan en este punto es hasta donde [tal publicidad] hace que los que están en mayor riesgo de problemas sanitarios reciban atención", señaló. "¿Motiva a aquellos que están en mayor riesgo de colesterol alto, depresión, osteoporosis, o motiva preferencialmente a los que están en bajo riesgo?".

En las condiciones actuales, el sistema también está prejuiciado contra los que tienen menos recursos, añadió.

"Los que están en el mayor riesgo podrían ser los que no tienen seguro de salud", apuntó Hollon. "Si Nueva Zelanda prohíbe [tal publicidad] este año, los EE.UU. tendrá la distinción de ser el único país industrializado avanzado que [la] permite, no limita los aumentos en los precios farmacéuticos, y no tiene ninguna política nacional que garantice la atención sanitaria. Mis pacientes, muchos sin seguro adecuado, pagan los precios más altos del mundo por medicamentos de venta bajo fórmula médica. Cuando se ve el dinero que se gasta [en esta publicidad], uno se pregunta si realmente vale la pena".

Más información

La American Academy of Family Physicians tiene una declaración sobre la publicidad directa al consumidor.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Richard L. Kravitz, M.D., professor, medicine, and director, Center for Health Services Research in Primary Care, University of California, Davis; Matthew F. Hollon, M.D., assistant professor, medicine, University of Washington, Seattle; April 27, 2005, Journal of the American Medical Association
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