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Los monos actúan como nosotros

Los capuchinos avaros ayudan a explicar las conductas humanas

MARTES 9 de agosto (HealthDay News/HispaniCare) -- En estudios recientes, los científicos le han hecho seguimiento a los compradores e inversionistas a medida que gastan dinero en artículos en especial o en transacciones de bajo riesgo.

Y cuando esos mismos consumidores notaron que un comprador obtenía un trato especial, reaccionaban de una manera muy humana, lanzaban su dinero en la cara del vendedor en una indignada demostración de enojo.

Pero estos sujetos no eran humanos. Se trataba de una tropa de monos capuchinos, nativos de las selvas de América del Sur.

Los científicos afirman que la "economía conductual animal" de los capuchinos ofrece nuevo conocimiento sobre temas desde el mercado de valores hasta la reciprocidad de "tu me rascas la espalda a mi y yo a ti" de la vida humana cotidiana.

"No todo lo que sucede en la economía puede ser explicado por las fuerzas del mercado... hay que observar al animal humano. Tan pronto se observa al animal humano, se nota que tenemos mucho en común con los demás animales también", afirmó Frans de Waal, profesor de psicología de la Universidad de Emory y director del Centro de Relaciones Vivientes del Centro Nacional de Investigación en Primates Yerkes de la Emory.

Hasta hace bastante poco, los economistas consideraban que el mercado funcionaba según un solo principio: todo el mundo buscaba maximizar su propia ganancia personal. Pero esa teoría no corresponde exactamente con la realidad, de acuerdo con la investigadora de primates y profesora de psicología Laurie Santos, de la Universidad de Yale.

"Por ejemplo, hay un curioso problema sobre por qué los humanos no invierten tanto dinero en las acciones como en los bonos", apuntó. A largo plazo, a las acciones siempre les va mejor que a los bonos, aunque las caídas a corto plazo en el valor de las acciones de un individuo son comunes. Con las acciones, "es más probable que vea su portafolio y diga 'Oh, perdí $1,000 este mes', pero aún así gana más dinero en el transcurso de un año de lo que ganaría con los bonos", explicó Santos.

Entonces, ¿por qué los humanos no toman la decisión racional e invierten más en el mercado de acciones?

La respuesta yace en el "punto de referencia", un hábito irracional que los humanos tienen de juzgar el rendimiento económico según lo que sucedió ayer o el mes pasado, o por el tipo de éxito o fracaso de un vecino. Muchos economistas han sugerido que esta tendencia ilógica es simplemente un producto de la sociedad humana, que cambia fácilmente.

"¿Es eso lo que sucede realmente?", se preguntó Santos. "¿O se trata de algo mucho más profundo en nosotros?".

Buscó la ayuda de nuestros primos los primates.

Trabajando con un grupo de capuchinos en su laboratorio de Yale, Santos y sus colegas pasaron las primeras semanas entrenándolos en el concepto de "dinero". En este caso, se trataba de fichas de aluminio que podían ser intercambiadas por comida. "Aunque los entrenamos, los monos comprendieron espontáneamente por sí mismos que el mercado era 'maleable', o sea, que podían comprar cualquier cosa con sus fichas, uvas, manzanas, cualquier cosa que se ofreciera", anotó.

Es más, también acogieron espontáneamente las sencillas reglas que regulan el mercado humano. Por ejemplo, si los investigadores comenzaban a cambiar una ficha por un pedazo de manzana, pero por dos uvas (esencialmente, un "Especial de Uvas al 50 por ciento"), los monos inmediatamente elegían gastar su dinero en lo que más les rendía, las uvas. "Es lo que los economistas llaman un 'cambio en el consumo'", afirmó Santos.

Los capuchinos también se sintonizaron con el "punto de referencia". En un experimento, a los monos se les dieron dos opciones sobre cómo gastar sus fichas: un investigador que ofrecía sólo un pedazo de manzana pero que a veces premiaba al mono con un segundo pedazo de "bono"; o un segundo investigador que inicialmente mostraba al mono dos pedazos pero que sólo entregaba un pedazo de manzana a cambio de la ficha.

De cualquier manera, se trataba de una apuesta: al mono se le garantizaba por lo menos un pedazo, pero podría obtener dos.

Sin embargo, la inmensa mayoría de capuchinos rechazaban la transacción en la que el investigador les presentaba los dos pedazos de manzana. ¿La razón? "Si piensan que obtendrán dos trozos de manzana, un trozo simplemente ya no parece tan atractivo", afirmó Santos. "Pero si creen que van a obtener un trozo, obtener dos trozos parece realmente grandioso".

Esta conducta (un miedo desproporcionado de la pérdida versus la ganancia) es exactamente la razón por la cual los humanos prefieren los bonos en vez de las más lucrativas acciones, señaló. Su equipo planea publicar los estudios del resultado pronto.

Experimentos llevados a cabo en el laboratorio de Yerkes y publicados en 2003 en Nature fueron aún más fascinantes.

Más información

Obtenga más información sobre los capuchinos y sus conductas en el Centro Nacional de Investigación en Primates Yerkes.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
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