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El dolor emocional del divorcio permanece mucho después de la separación

Estudio halla que los niveles de felicidad no regresan al informado antes de la ruptura

JUEVES 22 de diciembre (HealthDay News/HispaniCare) -- Un reciente estudio muestra que romper relaciones puede ser algo difícil, pero superarlo resulta aún más difícil para muchas personas.

El estudio alemán asegura que un divorcio puede alterar la idea de felicidad de una persona a largo plazo, comenzando desde el tiempo en el que se suscitaron las causas del mismo y prolongándose hasta mucho después.

"El divorcio parece ser causa de un declive permanente en los niveles de felicidad", aseguró el autor del estudio, Richard E. Lucas, profesor asistente del departamento de psicología de la Universidad del Estado de Michigan en Lansing y afiliado de investigación del Instituto Alemán de Investigación Económica de Berlín. "Las personas están menos felices luego de un divorcio que al principio de su matrimonio o incluso antes de haberse casado".

Para explorar las implicaciones emocionales del divorcio, Lucas analizó 18 años de información recolectada de entrevistas de una vez al año con más de 30,000 hombres y mujeres alemanes a quienes se les pidió que calificaran su satisfacción en la vida en una escala de uno a diez.

Lucas se concentró en 817 individuos, los cuales habían estado casados antes del lanzamiento del estudio en 1984. Todos permanecieron casados al menos un año desde el inicio del proceso de entrevistas antes de divorciarse finalmente.

También se enfocó en un grupo separado de 2,388 hombres y mujeres que eran solteros cuando se realizó la primera entrevista pero que se casaron en algún momento del periodo del estudio.

Cuando fue posible, Lucas evaluó los cambios en las respuestas de satisfacción anuales comparándolas en tres periodos de tiempo, el tiempo de casados al menos tres años antes del divorcio, que se define como el estándar dorado de la felicidad; el "periodo de reacción", es decir los dos años antes del divorcio, así como el año mismo del divorcio; y el "periodo de adaptación", que comienza al menos dos años después del divorcio.

En la edición de diciembre de Psychological Science, Lucas informa que, como podría esperarse, el participante promedio tenía una reducción profunda de su sentido de la felicidad durante el periodo de reacción que rodea el divorcio. Esta reducción fue el doble de evidente en los hombres, en comparación con las mujeres.

Lucas también halló que durante la fase posterior a la separación, los divorciados seguían siendo menos felices que durante los mejores años de su matrimonio.

Luego de cinco años del divorcio, retornó un sentido de la felicidad, pero nunca hasta los niveles del periodo anterior al divorcio, aseguró.

Entonces, Lucas intentó determinar si el divorcio mismo causaba la infelicidad o si los divorciados estaban predispuestos de alguna manera a ser infelices durante el periodo de la ruptura.

Lo que halló fue un panorama emocional complejo, en el que las personas que llegaron a divorciarse parecían estar menos felices durante sus años más felices que aquéllos que se casaron y permanecieron casados.

También notó que los que permanecieron casados fueron, en promedio más felices antes de casarse que los que terminaron en un juzgado.

Y los que se divorciaron parecieron tener niveles de felicidad por debajo del promedio antes del matrimonio.

La edad, sin embargo, parece superar al estado civil, pues las personas de mayor edad informan menor satisfacción general que los jóvenes, independientemente de si al final se divorcian.

Lucas concluyó que, si bien la experiencia del divorcio sí desencadena un declive sostenido de la felicidad para muchos, la reducción podría deberse a veces también a diferencias preexistentes en la felicidad de los individuos como lo es el acto mismo de la separación.

En cualquiera de los dos casos, Lucas recalcó que el divorcio tenía un efecto emocional complicado. También instó a amigos, familia y profesionales de la salud a evaluar la salud emocional de quienes deben sobrellevar un divorcio.

"Estamos hablando de las personas promedio, pero resulta que hay bastante variabilidad", aseguró Lucas. "Algunas personas en realidad son más felices después del divorcio de lo que lo eran antes. Por eso, terapeutas, médicos e investigadores psicológicas necesitan explorar aquellos factores que le permiten a algunas personas adaptarse a las situaciones de la vida y a otras no".

El Dr. David Yamins, psiquiátrica del Centro Médico Maimonides de la ciudad de Nueva York vio los hallazgos con algo de amargura.

"Realmente depende de cómo se defina la situación, pero me resulta difícil creer que un divorcio otorgue una desventaja especial más allá de cualquier otro evento significativo de la vida", aseguró. "En mi experiencia, las personas que han sobrevivido a un divorcio y continúan con sus vidas no parece que les vaya peor".

"Sin embargo, sí creo que el enfoque hacia las relaciones continuará siendo el mismo entre compañero y compañero", agregó. "Entonces, dentro de la esfera de las relaciones, podría no haber mayor felicidad luego de un divorcio. Estamos condenados a repetir la historia".

Otro estudio acerca del divorcio realizado en Canadá y publicado en la edición actual del Journal of Marriage and Family halló que el fracaso de un matrimonio es más perjudicial para la mente infantil antes de la separación de los padres que después.

Al analizar cuatro años de información sobre más de 17,000 niños menores de 11, investigadores de la Universidad de Alberta hallaron que, antes del divorcio, los niños de padres que finalmente rompieron relaciones sufren más de depresión y ansiedad y son más antisociales que los niños de matrimonios estables.

Los investigadores concluyeron que la noción de que los padres deberían permanecer juntos por el bien de los niños es una falacia que puede hacerles más daño que bien a los niños.

Más información

Para más información acerca del matrimonio y la salud mental, visite la American Association for Marriage and Family Therapy.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Richard E. Lucas, Ph.D., assistant professor, department of psychology, Michigan State University, Lansing, Mich., and research affiliate, German Institute of Economic Research, Berlin, Germany; David Yamins, M.D., psychiatrist, Maimonides Medical Center, New York City; December 2005 Psychological Science; November 2005 Journal of Marriage and Family
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