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Compensación de trabajadores puede dejar lesiones persistentes

Expertos aseguran que pacientes, médicos y abogados están implicados

MARTES 5 de abril (HealthDay News/HispaniCare) -- La historia es bien conocida. Un empleado se lesiona la espalda en el trabajo, solicita compensación de trabajadores, recibe un diagnóstico médico y luego se queda en casa con síntomas que el mismo trabajador dice que tiene, los cuales persisten durante meses e incluso años.

En la mayoría de los casos, es cierto y el empleado afectado ha sufrido una lesión incapacitante y crónica.

Sin embargo, un reciente "metaanálisis" de investigación de alrededor del mundo sugiere que, en muchos otros casos, los incentivos financieros influyen sobre los resultados de los pacientes.

En todos menos uno de los 211 estudios, la presencia de compensación del trabajador o algún tipo similar de compensación se relacionó con resultados desdeñables o mucho peores para los pacientes luego de la cirugía, según el estudio publicado en la edición del 6 de abril del Journal of the American Medical Association.

"En esencia, se le paga al trabajador por estar enfermo. Es muy difícil que alguien a quien se le paga por estar enfermo mejore", aseguró el Dr. Robert H. Haralson, ex presidente anterior al actual de la American Academy of Disability Evaluating Physicians, y actual director ejecutivo de asuntos médicos de la American Academy of Orthopaedic Surgeons.

Según Haralson, que no estuvo involucrado en el estudio, este fenómeno "se conoce desde hace años" entre cirujanos ortopédicos que tratan problemas del lugar de trabajo tan comunes y difíciles de diagnosticar como el dolor en la espalda o el síndrome del túnel carpiano.

"Es muy frustrante" para los médicos, dijo.

En su estudio, investigadores bajo la dirección del Dr. Ian Harris del Hospital Liverpool de esa ciudad australiana, revisaron detenidamente la información de 211 estudios estadounidenses, australianos, europeos, del Reino Unido y otros lugares.

Por todos los países, hallaron, que era más probable que los trabajadores que recibieron compensación financiera por accidentes de trabajo tuvieran resultados médicos a largo plazo cuatro veces peores que los de los trabajadores que no habían sido compensados.

Entonces, ¿será que algunos trabajadores lesionados simplemente exageran sus síntomas y retardan su recuperación?

Esa es la "pregunta de los mil millones", dijo Harris. Aún así, considera que la mayoría de los beneficiarios de compensación de trabajadores que tienen síntomas persistentes no están exagerando su situación conscientemente.

"Estos pacientes creen que están peor, pero lo que cause esa creencia genera otra cuestión", continuó.

Por ejemplo, Harris señaló un fenómeno cultural, sobre el que se ha estudiado mucho, llamado expectativa de los síntomas, por el cual "las víctimas de accidentes automovilísticos en EE.UU. y Australia esperan que van a tener dolor de cuello luego del accidente, y luego lo padecen".

Por otro lado, las víctimas de accidentes automovilísticos en otros países y culturas no parecen tan afectadas por el traumatismo cervical, a pesar de que los incidentes son muy parecidos.

Cada trabajador lesionado compensado se enfrenta a diversas presiones que lo mantienen enfermo, agregó Harris. Además del incentivo financiero de la compensación, la interminable lista de exámenes y procedimientos médicos puede ayudar a convencer al paciente lesionado de que en efecto está crónicamente enfermo.

Y no hay que olvidarse de los abogados.

Los estudios demuestran que "cuando se trata de procedimientos médicos, la duración de la incapacidad o el costo del caso, si hay un abogado de por medio, es cinco veces mayor que si no hay abogado", anotó el Dr. Edward Bernacki, director de medicina ocupacional de la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins y ex presidente del Colegio Estadounidense de Medicina Ocupacional y Ambiental.

"En el sistema hay ahora varios participantes, muchísimos abogados, que básicamente ven esto como un sitio seguro" para hacer dinero, agregó.

Harris también considera que muchos médicos son demasiado agresivos y convierten lesiones de trabajo rutinarias en "síndromes" crónicos completos.

Estimulados por los abogados y la burocracia de la compensación, se puede ayudar a generar un sistema que "permite a los pacientes con quejas menores entrar en un proceso de espiral que refuerza y aumenta sus síntomas cada vez más", sostuvo.

Haralson estuvo de acuerdo en que los médicos pueden hacer más por cambiar el sistema.

"El problema más común de estas situaciones es el dolor de espalda y existen evidencias sólidas de que lo que hay que hacer con el dolor de espalda es volver a trabajar luego de un par de días, aún si todavía existe algo de dolor", aseguró.

De regreso al trabajo, los trabajadores lesionados podrían evitar, al principio, tareas que pudieran exacerbar los síntomas. Lo importante, según Haralson, es evitar que los trabajadores lesionados caigan en lo que se llama "la cascada de la incapacidad".

"Mire, a las personas no les gusta ir a trabajar y mucha gente estaba trabajando en cosas que no les gustaba desde un principio", explicó Haralson.

Cuando los médicos, abogados y otros confirmen que la idea de enfermedad está en la mente del trabajador lesionado, "se trata simplemente de una reacción humana natural el tratar de evitar esa actividad", agregó.

"No es que el paciente se quede despierto toda la noche pensando "bueno, creo que voy a engañar al médico mañana", aclaró. "Es mucho más complicado, se trata de un fenómeno humano natural".

Más información

Para mayor información sobre las relaciones entre la salud y la productividad en el trabajo, diríjase al American College of Occupational and Environmental Medicine.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Robert H. Haralson, M.D., executive director, medical affairs, American Academy of Orthopaedic Surgeons, and immediate past president, American Academy of Disability Evaluating Physicians; Edward Bernacki, M.D., M.P.H., director, division of occupational medicine, Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore, and past president, American College of Occupational and Environmental Medicine; Ian Harris, F.R.A.C.S., orthopedic department, Liverpool Hospital, Liverpool, New South Wales, Australia; April 6, 2005, Journal of the American Medical Association
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