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Para muchos, el trauma relacionado con el 11 de septiembre surgió años más tarde

Los índices de TEPT reportados aumentaron cinco años después de los ataques, pero los índices de asma han caído de forma constante, según encuentra un estudio

MARTES, 4 de agosto (HealthDay News/Dr. Tango) -- Las personas expuestas de forma directa a los horrores del ataque del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York reportaron nuevos síntomas de trastorno por estrés postraumático hasta cinco y seis años después del incidente, según un estudio reciente.

De hecho, para 2006 a 2007, más personas expuestas directamente al evento informaban sobre síntomas de estrés postraumático que en 2003 a 2004, según encontró el estudio, y tenían alrededor de cuatro veces más probabilidades que la población general a tener tales síntomas.

Sin embargo, los índices de asma habían declinado más o menos a la normalidad para 2007, después de estar elevados en los meses justo después del ataque, informó el estudio. Los hallazgos aparecen en la edición del 5 de agosto de la Journal of the American Medical Association.

El asma y los síntomas de trastorno por estrés postraumático (TEPT) han resultado las consecuencias de salud más duraderas del 11 de septiembre.

"Cinco a seis años después de el evento, encontramos que la gran mayoría de esta gente está sana, pero sí encontramos que los síntomas de asma y TEPT se hallaban elevados", apuntó Lorna Thorpe, autora principal del estudio y subcomisionada de epidemiología del Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York. "Esas elevaciones se correlacionaron de forma directa con exposiciones específicas durante el 11 de septiembre".

Miles de personas fueron expuestas al ataque, y se estableció un Registro de las Torres Gemelas poco después para seguir y documentar las consecuencias de salud del evento, sobre todo entre los trabajadores de rescate, los residente y los transeúntes que estaban en la parte baja de Manhattan en ese momento.

De las más de 46,000 personas que completaron cuestionarios para este último estudio, poco más del 19 por ciento reportó síntomas de estrés postraumático en 2006 a 2007, frente a alrededor del catorce por ciento en 2003 a 2004. Ninguna había reportado tales síntomas antes de la fecha, según el estudio.

Los grupos con los mayores niveles de síntomas de estrés postraumático fueron las personas que se desplazaban para trabajar, los turistas y otros transeúntes, y el 23 por ciento reportó síntomas en 2006 a 2007. Los oficinistas tenían más probabilidades de que sus síntomas se hubieran disipado, y los trabajadores de rescate y recuperación eran más propensos a haber desarrollado síntomas más tarde.

"El inicio tardío de síntomas de estrés postraumático no es sorprendente, sino una confirmación de que se trata de un factor de riesgo de por vida", apuntó el Dr. Alan Manevitz, psiquiatra clínico del Hospital Lenox Hill de la ciudad de Nueva York. Trabajó como voluntario en el lugar del desastre, con sobrevivientes y familiares.

"Esperaríamos que sucediera algo así", añadió Keith A. Young, vicepresidente de investigación del Departamento de psiquiatría y ciencias conductuales del Colegio de Medicina del Centro de Ciencias de la Salud Texas A&M. "No es extraño que los síntomas aparezcan posteriormente".

Y los expertos concuerdan en que con frecuencia los síntomas aumentan abruptamente a medida que el aniversario del desastre se acerca cada año.

Justo después de el ataque, las personas expuestas de forma directa fueron diagnosticadas con asma con una incidencia seis veces mayor que la de la población general. Para la encuesta más reciente, la incidencia había disminuido a diez por ciento, mucho más cerca a la incidencia de 7.7 por ciento de asma encontrada en la población general en un estudio de 2007.

Los bomberos y otros trabajadores de rescate y recuperación tenían los mayores índices de nuevos diagnósticos de asma, encontró el estudio.

"La incidencia temprana de enfermedades respiratorias podría relacionarse de manera directa a la intensidad de la exposición durante los primeros días", apuntó Jacob Finkelstein, profesor de pediatría, medicina ambiental y oncología de la radiación del Centro médico de la Universidad de Rochester. "Para finales de 2006, la incidencia de síntomas relacionados a la respiración había declinado casi hasta la línea base. Es lo que cabía esperar".

En general, unos 25,500 adultos desarrollaron asma después de el 11 de septiembre, y unos 61,000 tenían síntomas de estrés postraumático, halló el estudio.

Con frecuencia, ambas afecciones iban mano a mano.

"Hubo una interacción entre ambas", afirmó el Dr. Norman Edelman, director médico de la Asociación Estadounidense de Neumología. "Y otras investigaciones indican que los que viven en situaciones estresantes parecen más propensos a tener asma".

Sin embargo, alrededor del 52 por ciento de los que reportaron síntomas de estrés postraumático dijeron que no habían recibido tratamiento durante el año anterior.

"Como departamento de salud local, lo que más nos preocupó y sorprendió fue el aumento en los síntomas de EPT", apuntó Thorpe. "Sabemos que obtener atención adecuada específica para el trauma es crucial, así que estamos haciendo todos los esfuerzos posibles para conectar a la gente con fuentes de tratamiento apropiado".

Más información

El Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York tiene más información sobre el Registro de las Torres Gemelas.


Artículo por HealthDay, traducido por Dr. Tango
FUENTES: Lorna E. Thorpe, Ph.D., deputy commissioner for epidemiology, Department of Health, New York City; Norman Edelman, M.D., chief medical officer, American Lung Association; Alan Manevitz, M.D., clinical psychiatrist, Lenox Hill Hospital, New York City; Jacob Finkelstein, Ph.D., professor, pediatrics, environmental medicine and radiation oncology, University of Rochester Medical Center, Rochester, N.Y.; Keith A. Young, Ph.D., vice chairman for research, Department of Psychiatry and Behavioral Science, Texas A&M Health Science Center College of Medicine, College Station, Texas; August 5, 2009, Journal of the American Medical Association
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