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El ejercicio no siempre es suficiente para reducir la presión sanguínea

Las personas mayores con el problema tal vez deban perder peso y comenzar con medicamentos más pronto

LUNES 11 de abril (HealthDay News/HispaniCare) -- El ejercicio moderado no es suficiente para controlar la presión sanguínea ligeramente elevada en los hombres y mujeres mayores de 55 años, según informan investigadores de la Universidad Johns Hopkins.

El hallazgo genera dudas sobre la efectividad de algunas recomendaciones sobre el ejercicio para bajar la presión sanguínea entre aquellos en el grupo de edad con mayor riesgo de ataques del corazón, añadieron los investigadores. Las directrices del American College of Sports Medicine, por ejemplo, recomiendan de 30 a 45 minutos de ejercicio aeróbico y levantamiento de pesas moderado entre tres y cinco veces a la semana.

Sin embargo, el nuevo estudio sugiere que estas directrices podrían ser incorrectas, por lo menos en lo que respecta a las personas mayores. "Encontramos que, en las personas entre los 55 y 75 años de edad, el ejercicio podría no ser tan efectivo para bajar la presión sanguínea como se creía antes, según las directrices publicadas", apuntó el investigador principal Kerry J. Stewart, profesor de medicina y director de fisiología del ejercicio clínica y de investigación en la Facultad de Medicina de la Johns Hopkins.

El estudio aparece en la edición del 11 de abril de Archives of Internal Medicine.

De acuerdo con la American Heart Association, la presión sanguínea es la fuerza en las arterias cuando el corazón late (llamada presión sistólica) y cuando el corazón descansa (llamada presión diastólica). La presión sistólica es la cifra "superior" en la prueba de la presión sanguínea, mientras que la presión diastólica es la inferior. Las lecturas se miden en milímetros de mercurio (mm Hg).

Para el estudio, el equipo de Stewart asignó aleatoriamente a 104 hombres y mujeres a seis meses de un programa que combinaba mayor ejercicio aeróbico y levantamiento de pesas, o a seis meses de su dieta y actividad (o inactividad) usual. Todos los participantes tenían presión sanguínea sistólica de 130 a 159 mmHg y presiones diastólicas de 85 a 99 mmHg. La presión sanguínea recomendada es 120/80 mmHg.

Hubo 51 personas en el grupo de ejercicio y 53 en el grupo sin ejercicio. "Luego de seis meses de ejercicio, el ejercicio sí disminuyó la presión sanguínea sistólica en cerca de 5 mmHg, pero hubo una disminución similar en el grupo que no hacía ejercicio", apuntó Stewart. "Esto hace que sea difícil atribuir el cambio en la presión sanguínea exclusivamente al ejercicio".

Al mismo tiempo, ambos grupos experimentaron una reducción en la presión diastólica, "pero con una reducción mayor entre los que hacían ejercicio", señaló Stewart.

Stewart atribuyó la disminución similar en la presión sanguínea en ambos grupos a lo que se conoce como el efecto placebo. "Las personas que participan en un estudio se benefician del simple hecho de estar en un él", explicó.

Al evaluar el endurecimiento de los vasos sanguíneos, que es una importante causa de hipertensión en personas mayores, los investigadores encontraron que el ejercicio no alteraba el endurecimiento existente, lo que podría explicar la disminución menor a la esperada en la presión sanguínea, apuntó.

"A pesar de que las personas mayores se pusieron en forma, perdieron grasa y adquirieron músculo, la presión sanguínea sistólica no disminuyó al nivel esperado", dijo Stewart. "Este estudio genera preguntas sobre si los tipos de ejercicio que se han sugerido para todo el mundo para bajar su presión sanguínea podrían no ser tan efectivos en las personas mayores".

Stewart dijo que los resultados sugieren que el ejercicio podría no ser suficiente para las personas mayores con presión sanguínea alta. "Tal vez necesiten iniciar los medicamentos [para la presión sanguínea] antes o perder peso más rápidamente. Los que tuvieron la mayor disminución en la presión sanguínea fueron también los que perdieron más peso".

Stewart agregó que este hallazgo no significa que las personas mayores no deban hacer ejercicio. "Las personas deben continuar haciendo ejercicio. Vimos tremendos cambios en la forma física. Observamos cambios muy importantes en la composición corporal, mucho menos grasa, mucho más músculo. Pero para controlar la presión sanguínea, tal vez deban hablar con sus médicos y comenzar con medicamentos antes o tal vez bajar de peso a través de la dieta, y no depender exclusivamente del ejercicio".

El Dr. Franz H. Messerli, director del programa de hipertensión del Hospital St. Luke's-Roosevelt en la ciudad de Nueva York, tiene otra explicación sobre por qué el ejercicio no disminuyó significativamente la presión sanguínea en los participantes del estudio. Como regla, la presión sanguínea de los pacientes mayores es más propensa a responder a los medicamentos para la presión sanguínea que la de los pacientes más jóvenes, apuntó.

"Aunque esto es verdad para la mayoría de medicamentos contra la hipertensión, no es el caso con los bloqueadores beta", dijo. "Si se observa algo, es que los mayores responden menos bien al bloqueo beta que los pacientes más jóvenes. Esta disminución en la respuesta al bloqueo beta podría estar relacionado al efecto de disminución del ritmo cardiaco de estos medicamentos, explicó Messerli.

Y el efecto del ejercicio sobre el sistema cardiovascular ha sido comparado con un "bloqueo beta fisiológico", anotó. "Es concebible que la disminución más grande en la tasa cardiaca observada en el grupo de ejercicio podría por lo menos hasta cierto punto explicar la falta de efecto en la presión sistólica y el efecto aumentado en la presión diastólica en el presente estudio".

Sin embargo, dijo Messerli, también hay que tomar en cuenta que la presión sanguínea cayó también en el grupo que no hizo ejercicio. "Lo más probable es que trataran de complacer a sus médicos siguiendo un estilo de vida más sano, lo que también lleva a una disminución en la presión sanguínea".

Más información

La American Heart Association puede darle más información sobre la hipertensión arterial.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Kerry J. Stewart, Ed.D; professor, medicine, and director, clinical and research exercise physiology, Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore; Franz H. Messerli, M.D., director, hypertension program, Division of Cardiology, St. Luke's-Roosevelt Hospital, New York City; April 11, 2005, Archives of Internal Medicine
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