Menos minorías que nunca se someten a pruebas de diagnóstico de cáncer en los EE.UU.

A pesar de las acciones del Congreso, los hombres de raza blanca siguen siendo los que más se inscriben en dichos programas

MARTES 8 de junio (HealthDayNews/HispaniCare) -- Básicamente, los esfuerzos de las últimas décadas para lograr la inscripción en pruebas para el tratamiento del cáncer en la población de pacientes de los EE.UU. han fallado, según un reporte reciente.

Según un estudio que aparece en la edición del 9 de junio del Journal of the American Medical Association, a pesar de la preocupación de la gente y de las acciones del Congreso, los pacientes negros e hispanos conforman un porcentaje aún menor de los participantes en pruebas clínicas hoy de lo que lo habían sido en 1994.

"Debemos permitirle a todos los estadounidenses que tengan cáncer el mismo acceso a las pruebas clínicas, independientemente de su raza o de su situación económica", afirmó el Dr. Harold P. Freeman, director del Centro para la Reducción de Diferencias del National Cancer Institute en Bethesda, Maryland.

Las investigaciones realizadas en las últimas décadas han mostrado consistentemente una brecha en las edades, las razas y los sexos cuando se trata del acceso a lo último en pruebas clínicas para pacientes que han sido diagnosticados con cáncer. Las protestas de la gente al respecto llevaron al Congreso a aprobar el Acta de los National Institutes of Health Revitalization, la cual insta específicamente la participación de grupos que no habían sido representados anteriormente en las pruebas.

Al miso tiempo, el presupuesto del National Cancer Institute (NCI), la fuente principal de nuevas pruebas, se duplicó de dos mil millones de dólares en 1993 a cuatro mil millones en 2003, mientras que el número de estadounidenses inscritos en pruebas clínicas aumento de 8,000 en 1996 a 12,000 en 2002.

Para determinar si cualquiera de estos cambios afectó el tipo de pacientes que se inscriben en pruebas clínicas, un grupo de investigadores de la Universidad de Yale, dirigido por el Dr. Vivek H. Murthy, examinó la información de los participantes en las pruebas del NCI para cánceres de mama, colorrectal, de pulmón y de próstata entre 2000 y 2002. Compararon los datos demográficos de los participantes de estas pruebas con las de pruebas similares realizadas entre 1996 y 1998.

El equipo de Yale informa que las cosas están empeorando, no mejorando. En 1996, por ejemplo, los pacientes de raza negra representaban el 11 por ciento de todos los participantes en pruebas de cáncer, pero en el 2002 el número había bajado hasta apenas un 7.9 por ciento. Los hispanos, que ya representan el 9.1 por ciento de la población de los Estados Unidos, apenas fueron el 3 por ciento de los participantes en las pruebas clínicas de 2002, un descenso del 0.7 por ciento comparado con 1996.

Las mujeres y los adultos mayores siguen sin representación también, aunque sus porcentajes variaron muy poco comparados con lo que se vio a mediados de los 90. Los investigadores anotaron particularmente que hay una representación sorprendentemente baja de adultos de avanzada edad en las pruebas de cáncer. Mientras que los adultos de avanzada edad conforman cerca de dos tercios de los pacientes con cánceres de mama, colorrectal, de próstata o de pulmón, representaron únicamente un tercio de los participantes en las pruebas clínicas, según el informe.

Acerca de las disparidades raciales esbozadas en el estudio, Freeman comentó que "no estoy sorprendido porque somos conscientes del problema desde hace algún tiempo". De hecho, el NCI creó el Centro para la Reducción de Diferencias en 2001 para abordar precisamente estos problemas, los cuales Freeman considera enraizados en la ya prolongada desigualdad social.

El acceso al cuidado de la salud sigue siendo un aspecto fundamental, con amplios porcentajes de hispanos y negros de bajos ingresos sin posibilidad de pagar un seguro de salud. "Ahí tenemos un problema muy grave", apuntó Freeman, "tratar con poblaciones que no tienen acceso ni siquiera al cuidado estándar".

En segundo lugar, la explotación de pacientes negros en el pasado por parte de investigadores de raza blanca (más notablemente entre 1932 y 1972 en Tuskegee, Alabama) en pruebas en las que los médicos infectaban intencionalmente a hombres de raza negra con el virus de la sífilis, ha dejado muchos negros con mucha desconfianza de las pruebas clínicas, en general. "Eso todavía tiene algún eco entre la comunidad negra", afirmó Freeman.

Diversos estudios también sugieren que los profesionales del cuidado de la salud con frecuencia tratan a los pacientes de las minorías de manera distinta a los blancos por varias razones. "No siempre es así, pero si se mira en todo el país, algo está pasando. Parece que la raza sí importa", dijo Freeman. "Necesitamos trabajar para crear una mayor sensibilidad entre médicos y pacientes [de las minorías]".

El estudio de Yale cita, sin embargo, algunos casos exitosos. A finales de los 90, las preocupaciones acerca del incremento en la tasa de mortalidad de los hombres de raza negra con cáncer de próstata versus los de raza blanca llevó a una mayor promoción en la comunidad negra. Ahora, la inscripción de negros en pruebas de cáncer de próstata es "un poco mayor que para los blancos", según los investigadores de Yale, cosa que es contraria a las estadísticas de la década pasada.

Estos resultados demuestran que la promoción en las comunidades sí obtiene resultados, agregó Freeman.

Una iniciativa de promoción actualmente realizada en el centro involucra la selección de individuos informados de la comunidad para ayudar a los pacientes de las minorías a "conocer los procesos de las pruebas clínicas", explicó Freeman.

"Es importante ayudar a las personas a salvar las barreras a las que se están enfrentando para participar en una prueba clínica, cosa que estamos revisando actualmente", dijo. "Nuestro teoría es que podría servir para algo".

Más Información

Conozca los esfuerzos que se están realizando para que el cuidado de la salud sea accesible para todos los estadounidenses en el Centro para reducir las diferencias en el cuidado de la salud del Instituto Nacional contra el Cáncer.

FUENTES: Harold P. Freeman, director, Center to Reduce Cancer Health Disparities, National Cancer Institute, Bethesda, Md.; June 9, 2004, Journal of the American Medical Association
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