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Asocian ritmo cardiaco durante y después del ejercicio a muerte súbita

Estudio halla que unas respuesta y recuperación lentas aumentan el riesgo

MIÉRCOLES 11 de mayo (HealthDay News/HispaniCare) -- La manera en que su corazón late cuando hace ejercicio y en que vuelve a su estado normal cuando termina puede predecir su riesgo de muerte súbita a causa de ataque cardiaco, incluso décadas después, según sugiere un estudio europeo.

En los hombres cuyo ritmo cardiaco se incrementó en menos de 89 latidos por minuto durante una prueba de ejercicio estándar para pacientes cardiacos, conocida como prueba de esfuerzo, tuvieron seis veces el riesgo de muerte súbita en las dos décadas siguientes, afirmaron médicos de Francia e Italia, quienes siguieron a más de 5,700 hombres de mediana edad durante un promedio de 23 años.

En los hombres cuyo ritmo cardiaco se redujo en menos de 25 latidos por minuto después que terminaron la prueba de ejercicio tuvieron más del doble de riesgo de muerte súbita que aquéllos cuyo ritmo volvió a la normalidad mucho más rápido.

Los hallazgos aparecen en la edición del 12 de mayo del New England Journal of Medicine

Este es el último capítulo de una serie de estudios que muestran una relación entre un mayor riesgo de muerte por enfermedad cardiaca y las reacciones del corazón al ejercicio, dijo el Dr. Michael S. Lauer, cardiólogo de la Cleveland Clinic Foundation, que ha realizado mucha investigación sobre este tema. Un artículo publicado por su grupo en 1999 en la misma publicación sobre el ensayo con 2,500 hombres fue el primero en mostrar la relación entre una lenta recuperación del ritmo normal del corazón tras el ejercicio y un mayor riesgo de muerte, declaró Lauer.

"Desde entonces hemos publicado un número de artículos, y otros grupos lo han hecho a su vez, y todos muestran la misma cosa, que la incapacidad del ritmo cardiaco para bajar su velocidad rápidamente luego de un ejercicio está asociada con un mayor riesgo de mortalidad", afirmó Lauer. "Lo que es único y nuevo sobre este artículo es que ha observado de forma específica la muerte súbita, y la mayoría de la mortalidad en este grupo está asociada con la muerte súbita.

"El segundo aspecto único [sobre el nuevo estudio] es el prolongado periodo de seguimiento", agregó Lauer. "Es sorprendente cuando pensamos en ello, que una simple medida en una prueba de ejercicios puede predecir lo que pasará dentro de los siguientes 5, 10 ó 15 años. Es increíble que una prueba antigua de baja tecnología tenga este poder".

Los nuevos resultados son "muy similares y consistentes" con aquéllos de un estudio realizado en hombres que fue reportado en 2003 por investigadores de la Universidad Johns Hopkins, manifestó el Dr. Roger S. Blumenthal, director del Centro de Cardiología Preventiva Hopkins.

"Esto hace un aporte real a la literatura que muestra que las anormalidades en una prueba de esfuerzo pueden mostrar un riesgo", señaló Blumenthal. "Existe un creciente cuerpo de información que analiza el ritmo cardiaco, y no sólo el periodo de tiempo de una cinta caminadora o los cambios en un ECG".

La pregunta aún por resolver es ahora cómo usar esta información, manifestó Lauer. "Podemos identificar las personas en un mayor riesgo de muerte, particularmente de muerte súbita", sostuvo. "Ahora tenemos que ver cómo disponer de esta información puede traducirse en mejores resultados para el paciente".

Se pueden seguir dos posibles estrategias, indicó. Una es la bien conocida y a menudo promovida idea de hacer ejercicio regular, que se recomienda para cualquier persona pero que podría tener un valor particular para aquéllos con anormalidades cardiacas.

"Las personas que hacen ejercicio viven mucho más porque el ejercicio estabiliza el sistema eléctrico del corazón", aseguró Lauer. "Así que podemos tomar a las personas que sufren estos problemas del ritmo cardiaco y registrarlas en un programa de ejercicio formal que prevalecerá a largo plazo. Mi conjetura es que proporcionará un gran beneficio".

Una segunda estrategia podría ser una terapia de medicamentos orientada a regular el ritmo cardiaco, sostuvo. "Disponemos de medicamentos que usamos para corregir problemas del ritmo cardiaco, principalmente los bloqueadores beta", aclaró Lauer. "Han demostrado que mejoran la esperanza de vida".

Un número de estudios han mostrado que "hacer ejercicio puede mejorar la función autonómica y reducir el riesgo de muerte súbita", dijo el Dr. William Whang, becario de electrofisiología cardiaca en el Hospital General de Massachusetts.

La semana pasada en la reunión anual de la Heart Rhythm Society, Whang presentó un análisis de datos de más de 70,000 mujeres en el Nurses' Health Study que demostró que aquéllas que hacían poco ejercicio o no lo hacían con regularidad tenían seis veces el riesgo de sufrir un paro cardiaco súbito que aquéllas que se ejercitaban más de dos horas a la semana.

Más información

Para obtener más información sobre la muerte cardiaca súbita, visite la American Heart Association.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Michael S. Lauer, cardiologist, Cleveland Clinic Foundation; Roger S. Blumenthal, director, Preventive Cardiology Center, Johns Hopkins University, Baltimore; William Whang, M.D., cardiac electrophysiology fellow, Massachusetts General Hospital, Boston; May 12, 2005, New England Journal of Medicine
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