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Si adora las comidas saladas, quizá haya nacido con bajos niveles de sodio en la sangre

Un estudio sugiere que eso podría hacerle más susceptible a aumentar de peso

MIÉRCOLES 24 de enero (HealthDay News/HispaniCare) -- Si se muere por las comidas saladas, quizá haya nacido prematuramente y con carencias de sodio. Un estudio sugiere que eso podría hacerle más susceptible a aumentar de peso

Investigadores israelíes analizaron a 41 niños prematuros de Israel y hallaron que entre menor era el nivel de sodio en el torrente sanguíneo al nacer, mayor era el consumo de sodio de los niños entre los 8 y los 15.

Los que tenían niveles bajos de sodio al nacer también pesaban cerca de 30 por ciento más que otros para la primera infancia y el comienzo de la adolescencia. Según los investigadores, el hallazgo sugiere que los niveles muy bajos de sodio en la sangre de los bebés prematuros y recién nacidos parece ser un factor que contribuye al consumo de sodio a largo plazo, un factor de riesgo clave para la obesidad.

El estudio, publicado en la edición actual del American Journal of Physiology -- Regulatory, Integrative, and Comparative Physiology, no es el primero en sugerir una relación de ese tipo, según Micah Leshem, coautor del estudio e investigador del departamento de investigación del a Universidad de Haifa.

"Actualmente hay cerca de ocho estudios que muestran que alguna forma de pérdida o deficiencia de sodio [antes o después del nacimiento] se relaciona con un mayor apetito por la sal al final de la infancia o en la adultez", dijo.

"Estos hallazgos coinciden con estudios de laboratorio con ratas que han producido el fenómeno de manera experimental, es decir, la deficiencia de sodio antes del nacimiento y después de éste, que causa una mayor ingesta de sal en la adultez".

Los participantes del estudio que tenían el nivel más bajo de sodio al nacer consumieron 1,700 miligramos más de sodio al día que los que no tenían niveles bajos al nacer.

Los investigadores analizaron el apetito por el sodio de cada niño entre los 8 y los 15 y les practicaron un examen físico. Se examinó a los niños para determinar si preferían bastante sal en la sopa y azúcar en el té. Además, se les invitó a que se sirvieran a su gusto de una mesa llena de refrigerios salados y azucarados.

Los niños que tenían los niveles más bajos de sodio al nacer consumieron una cantidad doble de refrigerios salados años después que los que no tenían bajos niveles de sodio al nacer.

La relación podría deberse a la autoprotección, especuló Leshem. "Los investigadores han propuesto que la evolución nos ha brindado la capacidad de responder a la pérdida de sodio aumentando nuestra avidez por él", dijo.

Connie Diekman, directora de nutrición universitaria de la Universidad de Washington de San Luís calificó el estudio de interesante, pero aseguró que tenía sus limitaciones.

"La evaluación de la ingesta de alimentos se basó en cuestionarios sobre la frecuencia, a diferencia de los registros o de la recolección de alimentos, que dejan la precisión de la ingesta al recuerdo, cosa que no es buena herramienta para la precisión científica", aseguró Diekman.

Además, el estudio sólo examinó a bebés prematuros, no a los de peso normal, advirtió, y agregó que hace falta más investigación.

Hasta que se realice la investigación, los padres no pueden hacer más que ser conscientes de la relación, según Leshem. "Para guiar el desarrollo de los hábitos alimenticios del niño y sus preferencias, nuestros hallazgos, junto con los de otros, ahora muestran que hay una causa para las preferencias de su hijo por el sodio o los alimentos ricos en éste", dijo.

El pediatra de su hijo le puede informar cuánta sal debe consumir su hijo a diario.

Más información

Para saber cuánto sodio es ideal, visite la American Society for Nutrition.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Micah Leshem, Ph.D., researcher, department of psychology, University of Haifa, Haifa, Israel; Connie Diekman, M.Ed., R.D., director of university nutrition, Washington University, St. Louis, Mo.; December 2006, American Journal of Physiology -- Regulatory, Integrative, and Comparative Physiology
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