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Las algas pardas podrían combatir la grasa

Uno de sus compuestos se dirigió a la grasa abdominal en estudios con animales

LUNES 11 de septiembre (HealthDay News/HispaniCare) -- Esa sabrosa sopa de miso que hizo parte de su almuerzo podría ser algo más que una comida deliciosa, podría ayudarle a deshacerse del exceso de grasa.

Esa es la conclusión de una investigación preliminar presentada el lunes en la reunión anual de la American Chemical Society en San Francisco.

Investigadores dirigidos por Kazuo Miyashita, profesor de química de la Escuela de Postgrado en Ciencias de la Piscicultura de la Universidad de Hokkaido en Japón, investigaron los efectos del alga parda, Undaria pinnatifida -- un tipo de alga marina conocida como wakame que se consume ampliamente en Japón.

Hallaron que la fucoxantina, el pigmento de color marrón del alga, fomentaba una reducción de 5 a 10 por ciento en el peso de ratas y ratones mediante la eliminación de grasa abdominal. Este compuesto parecía estimular a la proteína responsable de la oxidación de la grasa y de la conversión de la energía en calor. Esta proteína se encuentra en el tejido adiposo blanco, grasa del abdomen, y eso significa que la fucoxantina podría ser especialmente efectiva en la reducción de los abdómenes de gran tamaño, según la hipótesis de los investigadores.

La fucoxantina también estimulaba la producción de DHA en el hígado de los animales, un ácido graso omega-3 beneficioso que reduce la lipoproteína de baja densidad (LDL), el colesterol malo que contribuye a la aterosclerosis.

"El hallazgo emocionante es que la fucoxantina podría incrementar el metabolismo y el control del peso", dijo Connie Diekman, directora de Nutrición Universitaria de la Universidad de Washington en San Luís. "Pero la desventaja es que se trata de un estudio de animales y no podemos trasladar de manera automática sus resultados a los seres humanos".

La fucoxantina pertenece a la categoría de alimentos fitoquímicos, alimentos que ofrecen muchos beneficios, agregó Diekman. Aunque advirtió que "necesitamos analizar estos estudios por su interés pero [también] para reconocer que el punto principal sea que la magia no existe cuando se trata de controlar el peso".

Lona Sandon, profesora asistente de nutrición clínica del Centro Médico de la Universidad de Texas Southwestern en Dallas, estuvo de acuerdo. "La fucoxantina podría ayudar de manera potencial a controlar el peso y a producir más DHA bueno para el corazón. Sin embargo, estamos hablando de estudios preliminares que se han hecho a nivel molecular en ratas, pero no en humanos", apuntó. "Así que aunque esto parece prometedor, aún nos queda mucho camino por recorrer antes de que podamos saber con certeza que ingerir algas marinas nos ayudará a mantener nuestras cinturas delgadas".

Los consumidores deberían entender que los profesionales clínicos y los investigadores tienen "mucho que aprender sobre el control del peso en los seres humanos y éste es sólo un estudio de una larga investigación", advirtió Diekman. "No hay que tirar la toalla con lo que sabemos que funciona, elegir los alimentos correctos, consumir las porciones adecuadas y realizar actividad física con regularidad. Es duro, pero la magia no nos ayudará a ser más saludables. Un estilo de vida saludable es la clave".

Aún así, los investigadores japoneses esperan que estudios posteriores puedan conducir con el tiempo a una pastilla que contenga fucoxantina que pueda consumirse todos los días o según sea necesario. Sin embargo, esa pastilla tardará en producirse. Aunque se han planeado estudios en animales, pasarán al menos cinco años antes de que una pastilla para combatir la obesidad a base de fucoxantina pueda estar disponible para los consumidores. Hasta ese momento, las personas deberían continuar consumiendo una dieta bien balanceada y hacer mucho ejercicio, dijo Miyashita en una declaración preparada.

Las algas no son los únicos alimentos que tienen poderes medicinales. De acuerdo con la investigación presentada en la misma reunión por científicos de la Universidad Prefectural de Medicina de Kioto en Japón, las naranjas mandarinas podrían reducir el riesgo de cáncer de hígado en pacientes de hepatitis viral crónica. Después de un año, no se detectó ningún tipo de cáncer de hígado en 30 personas que bebieron un vaso al día de una bebida que contenía jugo de mandarina. Por otra parte, el 8.9 por ciento de 45 pacientes que no tomaron la bebida desarrollaron cáncer de hígado.

En otra investigación presentada en la reunión, un equipo del Instituto Nacional de Ciencias en Árboles Frutales de Japón, encuestó a 1,073 japoneses que consumían grandes cantidades de mandarinas. Reportaron que los marcadores químicos en la sangre de los sujetos estaban relacionados con un menor riesgo de enfermedad hepática, aterosclerosis y resistencia a la insulina, que puede conducir a la diabetes.

Y hay más buenas noticias, el trigo, el maíz y la harina de arroz pueden ser modificados en un producto enriquecido que hace que los antioxidantes de la harina estén más disponibles en el cuerpo, de acuerdo con investigadores de la Universidad de Maryland.

Esos mismos investigadores también afirman que han desarrollado un nuevo tipo de harina a partir de semillas de frutas, productos desechados por lo general en el proceso de elaboración del jugo y productos de frutas. En estudios de laboratorio, la harina de semilla de frutas parece tener la capacidad para combatir la inflamación, el cáncer y las bacterias de enfermedades transmitidas por alimentos, señalaron los científicos.

Finalmente, los investigadores de la Universidad de Nihon en Japón reportaron que han logrado que el calcio de la soya sea absorbido con mayor facilidad al eliminar una sustancia química que obstaculizaba esa absorción, conocida como fitato. También modificaron dos aminoácidos de la soya para que formaran un producto más suave y blanco que conservara el sabor original.

Más información

Para más información sobre el control del peso, visite el National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Kazuo Miyashita, Ph.D., professor, Graduate School of Fisheries Sciences, Hokkaido University, Hokkaido, Japan; Lona Sandon, R.D., assistant professor, clinical nutrition, University of Texas Southwestern Medical Center, Dallas; Connie Diekman, R.D., director, University Nutrition, Washington University, St. Louis; Hoyoku Nishino, M.D., Ph.D., researcher, Kyoto Prefectural University of Medicine, Kyoto, Japan; Liangli Lucy Yu, Ph.D., associate professor, University of Maryland, College Park; Sept. 11, 2006, presentations, American Chemical Society annual meeting, San Francisco
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