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Gen del dulce aleja a los niños de los vegetales

Aunque es difícil de convencerlos, los alimentos amargos son necesarios para los más jóvenes

LUNES 7 de febrero (HealthDayNews/HispaniCare) -- Si comía dulces hasta atiborrarse cuando era joven, probablemente su descendencia compartirá su azucarada pasión.

Esto se debe a que las preferencias en el gusto están, por lo menos parcialmente, influidas por sus genes. Sin embargo, la edad y la cultura pueden eventualmente sobreponer esta influencia genética, según un nuevo estudio.

Y esto significa que los niños que se evitan los vegetales a cualquier costo podrían sentirse atraídos por ellos en unos años.

Basándose en un reciente descubrimiento sobre los genes del gusto, especialmente el genotipo TAS2R38 que tiene receptores para el sabor amargo, los investigadores compararon las preferencias de sabor entre madres y sus hijos.

"Este gen puede predecir la sensibilidad hacia un tipo de sabor amargo", afirmó la autora del estudio Julie Mennella, psicobióloga del desarrollo en el Monell Chemical Senses Center en Filadelfia.

Sin embargo, aún cuando tanto la madre como el niño compartían los mismos genes del gusto, apuntó Mennella, "Cuando se comparaba a niños y adultos, los niños eran mucho más sensibles que los adultos". Esa diferencia, afirmó, "podría reflejar cambios en el desarrollo que ocurren con la edad".

Los resultados del estudio aparecen en la edición de febrero de Pediatrics.

Los investigadores obtuvieron muestras genéticas de 143 niños entre los 5 y los 10 años de edad, y de sus madres. Mediante el análisis genético, fueron entonces divididos en tres grupos: El tipo AA con dos genes insensibles al sabor amargo, el tipo PP con dos genes sensibles al sabor amargo, y el tipo AP, con uno de cada gen.

A todos se les pidió que bebieran tres concentraciones diferentes de una sustancia con sabor amargo, para clasificarla en "parecida al agua" o "amarga o desagradable".

El setenta por ciento de los niños y la mitad de las madres que eran del tipo PP o AP afirmaron que detectaban el sabor amargo en la solución más débil, en comparación con menos del 10 por ciento en el grupo AA.

La edad también afectó la habilidad de detectar el sabor amargo. Sólo el 43 por ciento de las madres en el grupo AP afirmaron que podían detectar el sabor amargo en la solución más débil, en comparación con el 64 por ciento de los niños del mismo grupo.

En las madres, apuntó Mennella, el predictor más fuerte de una preferencia por los sabores dulces fue la cultura. De acuerdo al estudio, las personas de descendencia africana tienen mucho más probabilidades de preferir los sabores dulces que las personas de descendencia europea.

Este estudio "podría ayudar a los profesionales de la atención sanitaria a comprender las batallas perdidas de los padres a la hora de comer, ya que podría haber una predisposición genética a no gustar de los vegetales", señaló Angela Kurtz, nutricionista pediátrica del Centro Médico de la Universidad de Nueva York. Pero, "a pesar de la genética, los padres necesitan tomar decisiones sabias cuando se trata de alimentar a sus niños y hacer elecciones en el supermercado".

"Siempre hay otra opción que es un poco mejor", subrayó Kurtz. En vez de panecillos y cereales azucarados, sugiere bizcocho esponjoso o galletas María. Si a su niño le gustan las bebidas dulces, compre jugo 100 por ciento y dilúyalo, y evite las marcas con alto contenido de fructosa. De esta manera, dijo, aún consumen cosas dulces, pero son más saludables.

Y, apuntó, es importante introducir siempre nuevos alimentos saludables, aunque admitió que esto puede ser un desafío.

"Algunos estudios han encontrado que, para que un alimento ya no parezca nuevo, hay que exponerse al mismo 50 veces", señaló Kurtz. Así que coloque un trozo de brócoli cada vez en el plato de su niño, pero nunca lo obligue a comerlo. Sugiera que lo pruebe, y deja que lo vea comerlo a usted. Eventualmente, podrían probarlo, añadió.

Mennella dijo que su estudio resalta la necesidad de que los padres aprecien la diferencia entre los adultos y los niños.

"Los niños viven en su propio mundo sensorial", afirmó. "Un niño podría rechazar un alimento que su madre o padre siente que sabe bien, pero el niño podría estar percibiendo un sabor diferente".

Recomendó introducir vegetales a los niños cuando están jóvenes.

Algún día, apuntó, este conocimiento podría llevar a nuevas maneras de preparar los alimentos que enmascare el sabor amargo.

Más información

Para obtener más información sobre los hábitos alimenticios sanos en los niños, visite la American Dietetic Association.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Julie Mennella, Ph.D., developmental psychobiologist, Monell Chemical Senses Center, Philadelphia; Angela Kurtz, M.S., R.D., pediatric nutritionist, New York University Medical Center; February 2005 Pediatrics
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