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Buena nutrición versus necesidad: Una observación más detallada

Muchas veces, seguir las directrices dietéticas no es una opción para los que usan despensas comunitarias

LUNES 31 de enero (HealthDayNews/HispaniCare) -- Pocas personas que eligen sus alimentos en una despensa comunitaria de Nuevo México recientemente se concentraron en la cantidad correcta de vegetales y productos de grano entero, que son ahora recomendadas para la dieta estadounidense diaria.

En vez de esto, las personas que llegaron a la Jewish Community Food Pantry en Alburquerque esperaban sobrevivir con lo que pudieran, mayormente con la bondad de los extraños.

Conseguir alimentos sanos es difícil, afirmó una cliente, Audrey, "porque la mayoría de cosas que se supone que uno consuma no viene en latas".

"Incluso cuando tengo dinero extra", añadió, "No puedo comprar cosas buenas porque no duran. Es medicinas versus alimentos. De vez en cuando, los medicamentos tienen que ganar".

Las elecciones que las personas deberían hacer cuando se trata de una dieta saludable son delineadas en las nuevas directrices dietéticas de los EE.UU., las cuales fueron anunciadas hace tres semanas. En ese momento, el Secretario de Servicios de Salud y Humanos, Tommy Thompson, afirmó en una conferencia de prensa que todos los estadounidenses debieran poder seguirlas.

"El costo no es un determinante de si se come apropiadamente o no. Muchos alimentos baratos pueden ser extremadamente saludables", apuntó. "Gastará mucho dinero en gastos médicos si no come saludablemente".

Pero, afirman los expertos sanitarios, una alimentación sana no es algo que todo el mundo puede alcanzar.

Para aquellos con fondos limitados, el costo juega un papel en las decisiones de compra.

Un estudio piloto en Roxbury, un vecindario de bajos ingresos en Boston, encontró que a una familia que recibía cuatro cupones de alimentos le faltaban $227, mientras que a las personas que vivían solas les faltaba $103. El estudio fue presentado en una reunión de la American Heart Association el año pasado, y la Dra. Paula Johnson, jefa de división de salud de las mujeres en el Brigham and Women's Hospital de Boston fue su coautora.

Además del costo, el acceso, incluyendo el transporte, puede ser una barrera significativa.

En otro estudio publicado el otoño pasado, la Dra. Carol Horowitz, profesora asistente de políticas de salud en la Escuela de Medicina Mount Sinai de la ciudad de Nueva York, encontró que sólo una de cada cinco tiendas en East Harlem tenía leche baja en grasa, frutas y vegetales frescos, soda dietética y pan de grano entero, en comparación con tres de cada cinco tiendas en la adyacente, pero más rica, sección del Upper East Side. Sólo una de cada 10 bodegas de East Harlem, las tiendas de las esquinas usadas por muchos residentes, tenían tales artículos. Y si bien los precios eran aproximadamente los mismos en ambas regiones, el ingreso promedio en el Upper East Side es cuatro veces más que en Harlem, apuntó Horowitz.

Y también está el problema de la duración.

"Los productos frescos es una de las primeras cosas eliminadas por las personas de bajos ingresos", afirmó Melody Wattenbarger, directora ejecutiva del Roadrunner Food Bank en Alburquerque. "No quieren pagar mucho dinero por algo que tal vez no puedan comerse".

Wattenbarger dijo que una persona mayor le había dicho que no había consumido ensalada en nueve años.

Y Audrey también señaló lo siguiente: "Si veo que una bolsa de ensalada está en precio especial, no me puedo llevar tres".

Roadrunner, que distribuyó 10 millones de libras de alimentos el año pasado, ha estado cambiando su mezcla de productos para solucionar este problema. Roadrunner obtiene alimentos de donantes del sector alimentario, y también compran al por mayor. Entonces los distribuyen por todo el estado a más de 600 despensas comunitarias de emergencia, hogares de grupo, centros de atención diurna de bajos ingresos, cocinas de sopa y seis bancos regionales de alimentos de menor tamaño. Estas organizaciones, a su vez, proveen cajas de alimentos y comidas preparadas a más de 200,000 personas de bajos ingresos cada año.

Aún así, las mismas despensas comunitarias consideran que esto no es suficiente.

Además de existencias de parte de Roadrunner, la Jewish Community Food Pantry, por ejemplo, debe confiar en el programa de artículos del U.S. Department of Agriculture (USDA), en donaciones de alimentos, y en alimentos que puede comprar con sus limitadas donaciones monetarias para las 2.5 toneladas de alimentos que reparte cada mes.

La despensa, una minúscula estructura de adobe ubicada detrás de un complejo de apartamentos, provee alimentos gratuitos para 30 a 35 familias cada semana. Cada familia obtiene alimentos una vez al mes, suficiente para llenar una caja. La mayoría de clientes son trabajadores pobres, personas discapacitadas o mayores, apuntó Erica Wyatt, coordinadora de servicios de alcance público del Jewish Family Service de Nuevo México.

En la despensa, los alimentos del programa de artículos de la USDA, los cuales llenan los estantes, son atractivos porque son gratuitos, pero una rápida mirada a las etiquetas revela que conllevan un precio distinto.

Una lata de robusto guiso de res provee el 20 por ciento de la ingesta de grasa saturada diaria de una persona, y el 42 por ciento de la ingesta de sodio. Una lata de chili provee más de la mitad de la ingesta diaria de grasa saturada, y el 45 por ciento de la ingesta de sodio.

"Nos alegra poder regalarlo porque es una comida, pero no es nutritivo", apuntó Wyatt.

En la despensa, los clientes se alegran de conseguir lo que esté disponible.

Jodi DeJesus, de 35 años y madre de dos hijos de 7 y 9 años en Alburquerque, afirmó que buscó en su nevera recientemente y sólo vio leche y bananas. Fue en esa ocasión que llamó a la despensa comunitaria por primera vez. Salió con galletas, galletitas en forma de pescado (para los niños), una funda de ensalada lista para comer, fruta, sopa de fideos y pan. Esta es la primera vez que DeJesus, quien afirmó tener una maestría en consejería y que se encuentra actualmente desempleada, ha tenido que pedir ayuda.

Maryann, de 45, también fue a la despensa por primera vez. La despidieron de su trabajo en el sistema escolar público el pasado junio, y ahora cobra un cheque de desempleo por $263 mensuales, con lo que tiene que cubrir el alquiler, el seguro de su vehículo, los servicios y todo lo demás.

"He recortado todo", dijo. Y eso incluye la comida. Recientemente, compró tres pizzas congeladas en una tienda local, cada una por sólo $1.59.

Y, anotó, que si bien eran baratas, "No es algo bueno. No es nutritivo".

Más información

La America's Second Harvest tiene más información sobre el hambre en los EE.UU.


Artículo por HealthDay, traducido por HispaniCare
FUENTES: Melody Wattenbarger, executive director, Roadrunner Food Bank, Albuquerque, N.M.; Carol Horowitz, M.D., MPH, assistant professor, health policy and medicine, Mount Sinai School of Medicine, New York City; Paula Johnson, M.D., chief, division of women's health, Brigham and Women's Hospital, and associate professor, medicine, Harvard Medical School, Boston; Erica Wyatt, outreach services coordinator, Jewish Family Service of New Mexico, Albuquerque; Jan. 12, 2005, news conference with Tommy Thompson, Health and Human Services Secretary; Audrey, Albuquerque, N.M.; Jodi DeJesus, Albuquerque, N.,M.; Maryann, Albuquerque, N.M.; September 2004 American Journal of Public Health; Photo of Jewish Community Food Pantry in Albuquerque, N.M., courtesy of Amanda Gardner
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